La ansiedad: un factor engordante

Los caminos que nos llevan a engordar no sólo están relacionados con la cuestión genética o el sedentarismo. Nuestro estado de ánimo influye notoriamente en el éxito de una dieta.

Resulta que la mayoría de las veces no comemos por hambre, sino por ansiedad o aburrimiento y es en estos momentos cuando no medimos lo que ingerimos o elegimos alimentos muy suculentos o engordantes. Lo mismo sucede cuando estamos tristes o desanimadas, nada mejor que asaltar la nevera o la cajita de las golosinas para sentirnos un poco mejor. Y luego viene la culpa y los kilos de más.

Por estas razones se considera que la ansiedad y el estrés son un importante factor engordante. De modo que cuando te decidas a realizar una dieta también debes prestar atención al factor emocional. Algunos centros de nutrición recomiendan realizar una terapia psicológica a la vez que haces dieta para aumentar la efectividad y poder adelgazar y sentirnos mejor.

La ansiedad en las dietas.

Estudios recientes demuestran que las dietas muy estrictas pueden provocar, entre otros trastornos, una ansiedad, en ocasiones, difícil de controlar.

Esta ansiedad puede llegar a ser tan grande, que lleva a la persona a comer más para intentar calmarla, sobre todo alimentos dulces, llegando a comer más que al principio. Y así, en vez de lograr adelgazar, conseguimos el efecto contrario, engordando más, y corriendo el peligro de entrar en un círculo vicioso en el que realizaremos dietas cada vez más estrictas que nos causarán cada vez más ansiedad.

Para evitar la temida ansiedad hay que seguir unas reglas básicas, de sentido común:

  • Comer cinco veces al día, realizando un par de tentempiés sanos y bajos en calorías.
  • No realizar dietas demasiado estrictas.
  • Darse un capricho de vez en cuando.
  • Considerar como dieta saludable aquélla que nos permite bajar una media de 2kg al mes.

Si aun así seguimos sufriendo ansiedad, existen otros remedios:

  • Realizar ejercicio físico como correr, jogging, pasear, nadar, montar en bici…
  • Apuntarse a clases de yoga o de taichi.
  • Ingerir alimentos ricos en magnesio, como los frutos secos, o en vitaminas del grupo B.
  • Tomar infusiones calmantes.

Si el problema continua a pesar de todo, es mejor dejar la dieta por un tiempo o ponerse en manos de un buen profesional.