Existe una creencia popular que asegura que tomar fruta después de las comidas, como postre, hace que engordemos más y que es más recomendable ingerirla dos horas antes o dos horas después del almuerzo. Algunos autores defienden, incluso, que la fruta se ha de tomar sola, sin ningún otro tipo de nutriente, de manera que nuestro organismo la pueda digerir con facilidad, pues las enzimas que intervienen en ese proceso son diferentes de las que lo hacen en la asimilación de proteínas y grasas.
No dudamos de que esto sea, en parte, cierto. Sin embargo la fruta tiene las mismas calorías la tomemos a la hora que la tomemos. Lo que es real es, sin duda, que tomada entre horas y no como postre, ayuda a paliar la sensación de hambre y por lo tanto a llegar con mayor sensación de saciedad a la siguiente comida, impidiendo atracones innecesarios.
Por este motivo, en cualquier dieta saludable, nos aconsejarán tomar un máximo de dos piezas de fruta al día, y preferentemente como tentempié de media mañana y de media tarde.
Al elegir la fruta que tomaréis en vuestra dieta, sed innovadores, no os conforméis con las comunes manzanas o naranjas porque os aburriréis con facilidad. Experimentad sabores nuevos, que no hayáis probado antes o jugad con los zumos y cócteles (sin alcohol) de frutas.
Por ejemplo, ¿qué os parece un refrescante batido de kiwi, mango y frambuesa? Preparadlo licuando los ingredientes por separado y colocándolos en un vaso separados por una fina capa de yogur desnatado. Es una merienda deliciosa.
¿Y qué tal un zumo de sandía y frambuesa? ¿O de melón y manzana? Liduad las frutas y servidlas con hielo.
No es nada difícil preparar un refresco innovador, que nos aparte de la monotonía en nuestra dieta y además ¡ que sea tremendamente saludable!
Foto: 1la
